Xaquin Rosales

Domingo, 29 Septiembre 2013 20:50

Sylvia Plachy, De Reojo

Figura imprescindible desde hace décadas en el panorama fotográfico estadounidense, Sylvia Plachy (Budapest, 1943) presentó su trabajo por primera vez en España en el marco de la décima edición del festival PHotoEspaña. La muestra fue la más amplia de cuantas se le han dedicado hasta ahora en Europa y abarcó los treinta últimos años de su actividad. El título, De reojo, intenta ser reflejo de su singular manera de abordar la fotografía.

Especialmente atentas al movimiento, sus imágenes captan escenas a medio suceder, esbozos de acontecimientos que crean una tensión inquietante y misteriosa con una realidad cargada de melancolía. Más que contar historias, invitan a imaginarlas.

Todas las semanas, entre 1982 y 1993, una fotografía de Sylvia Plachy encabezaba el sumario del neoyorkinoThe Village Voice. Secuencias anónimas, en las que no parecía ocurrir nada especial, fueron atrayendo poco a poco el interés de muchos lectores que descubrían en ellas una realidad poco representada: la cotidianeidad. Lo extraordinario de aquellas fotos es que enseñaban a ver aquello que nadie mira.

Acompañado de textos de la propia Plachy y de un disco que Tom Waits compuso para la ocasión, Unguided Tour («Visita sin guía»), el libro que recopilaba las fotos del Village Voice, obtuvo en 1990 el premio del International Center of Photography a la mejor publicación. Desde entonces, han aparecido Red Light (1996),Signs and Relics (1999, prologado por Wim Wenders) y Self Portrait With Cows Going Home (2004). «Me hace reír y me rompe el corazón. Es moral. Es todo lo que un fotógrafo tendría que ser», afirmó de ella Richard Avedon.

Going On About Town («Deambulando por la ciudad»), la serie que publicó durante trece semanas de 2005 enThe New York Times, reafirma lo que muchos ya sabían: que Plachy es probablemente la fotógrafa que mejor conoce los múltiples aspectos de Nueva York, una ciudad a la que llegó procedente de su Budapest natal –al igual que otros muchos maestros húngaros de la fotografía– con quince años. A propósito de ella, André Kertész afirmó: «Nunca he visto el momento sentido y atrapado con mayor intimidad y humanidad. Fotográficamente, es lo máximo».

Texto de Mireia Sentís y Joaquín Gallego

Publicado en Libros